Musulmanes de Madrid alzan la voz tras el veto en Jumilla: ‘Tenemos que enseñarles a los partidos de derechas que no hay nada malo en nosotros’

Husein está preocupado. Acaba de salir de la mezquita de la M-30, en Madrid, a donde suele ir a diario. Va pensativo, cabizbajo. No entiende por qué, en Jumilla, una ciudad de Murcia, PP y Vox han acordado prohibir celebraciones islámicas en los espacios públicos. Es su religión y le duele: ‘Estoy en contra. Somos personas y tenemos el mismo derecho que cualquier otra. Imagina que yo, como mulsulmán, votase en contra de la Navidad. No estaría bien. Mis hijos son madrileños y, en el futuro, serán el médico y el repartidor que nos atiendan’. La medida que ha tomado el Ejecutivo local jumillano afecta a esta comunidad, que ya no podrá festejar el fin del Ramadán y el Cordero en instalaciones municipales. ‘No hacemos nada ilegal, somos pacíficos’, insiste Husein. No es el único que ha levantado la voz.

Khali, por su parte, lleva 30 años en España. Ha montado su propia empresa y paga sus impuestos a conciencia: ‘Estamos luchando por dar un futuro a nuestras familias. No entiendo por qué se nos castiga de esta forma. La base de la democracia es la libertad y, en este caso, consiste en rezar donde queramos’. La decisión, adoptada el pasado 28 de julio en el pleno, no responde a una cuestión religiosa, sino de regulación de los espacios según el Ayuntamiento de Jumilla. A su lado, Abdelkader asiente con firmeza: ‘En Marruecos, por ejemplo, hay muchas iglesias y a nadie se le ocurre decir nada. Jamás las hemos cuestionado, es normal. El mayor error que puede cometer España es dejar a Vox gobernar. Ya estamos viendo los problemas que acarrea la extrema derecha en Europa’.

Varios hombres de origen marroquí­ este jueves en el barrio de Nuestra Señora de Fátima de Jumilla. / Marcial Guillen

Al terminar la oración, sus posiciones se repiten. El debate lleva horas colándose en los círculos sociales. ‘Este es un país libre y hay que tener más iniciativa. Tenemos que levantar la voz y enseñarles a los partidos de derechas que no hay nada malo en nosotros’, subraya Husein. Una postura que Khali y Abdelkader confirman mientras ponen rumbo a casa. La situación ha despertado todo tipo de opiniones al respecto, pero ¿podría suceder algo similar en Madrid? Taoufk Cheddadi Harrak, imán e investigador en Ciencias Islámicas y Sociales, tiene la respuesta: “Esto me sobrepasa. Condeno esta escalada de discursos de odio y ataques contra los musulmanes y sus centros de culto. Llevamos años así y parece que no aprendemos”.

“No tenemos la clase política que nos merecemos y no todo vale por acumular votos. La Comunidad ya ha rechazado el programa de enseñanza de árabe firmado entre Marruecos y España por presión de la extrema derecha. Ya no se va a hacer”, señala. La comunidad musulmana en la capital, menor en número que la catalana, vive, según Chedaddi, en un “stand by político”. “Vivimos tranquilos. No hay un rechazo declarado pero la convivencia todavía puede mejorar. Tal como está el patio político, no creo que en Madrid pudiera ocurrir lo mismo que en Jumilla. La imagen de todo un partido conservador está bastante manchada ahora mismo. Han hecho una jugada sin tener en cuenta las consecuencias”, suma. 

‘El racismo da miedo’

Las elecciones en Jumilla están a la vuelta de la esquina, dice, y el PP “todavía está a tiempo de enmendar el grave error que ha cometido”. “No creo que sean racistas o xenófobos, pero los ciudadanos musulmanes tendrán mucho peso en las urnas y hay que tenerlos en cuenta”. En España, la población musulmana supera los 2,5 millones de personas. Cataluña, con más de 660.000, es la comunidad autónoma con mayor número de musulmanes en España, seguida de Andalucía (341.000), Madrid (300.000) y Comunidad Valenciana (221.000). “Situaciones como la de Murcia nos hace sentir a los musulmanes españoles como los judíos de los años 30. Me asusta. Estamos acostumbrados al racismo conviccional, pero el racismo religioso da miedo. Llamamos a la convivencia de la ciudadanía que siempre ha habido en Jumilla. No todo vale en la política para aprobar unos presupuestos. Como Imán, no me siento bien”, sostiene.

Dos hombres de origen marroquí­ este jueves en el barrio de Nuestra Señora de Fátima de Jumilla. / Marcial Guillen

La moción aprobada en Jumilla con los votos del PP y la abstención de Vox se justificaba en que son actos “ajenos a la identidad del pueblo”, pero ¿qué significa ser español?: “Esta definición pone en riesgo muchos componentes del pueblo español desde un punto de vista histórico, religioso y cultural. Se trata de un conjunto de varios componentes: judeocristianos, greco romanos y musulmanes. Este debate me recuerda al lamentable contrato de integración de Rajoy, una copia barata del intento de Sarkozy en Francia que no ha hecho otra cosa que romper esta convivencia social. El componente religioso es muy importante en la formación del Estado español moderno. Por eso, excluir una parte de nuestra identidad amenaza e invita a una Santa Inquisición moderna en términos políticos”. 

La clave, según Toufik, está en pasar de un discurso político demagógico a otro pedagógico. “La inmigración nos enriquece y el aporte de los marroquíes en Murcia es fundamental. Todo el mundo lo sabe. Los políticos han fallado al eliminar derechos constitucionales, pero los empresarios valoran realmente la mano de obra y el aporte económico musulmán. Hay que educar a nuestros hijos y a nuestros políticos, que les falta cultura histórica. En vez de hablar de los problemas reales de los españoles, hacen una desviación de la opinión pública a unos problemas inexistentes, como que los musulmanes somos responsables del cambio climático. ¿Por qué no hablamos del paro o la vivienda? Es un lavado de cerebro a la nación y ataca al artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al artículo 10 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y al artículo 9 del Convenio Europeo de los Derechos Humanos, entre otros”, zanja. 

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