El sur es su norte.
Sí, eso llevo tatuado en el brazo. Es una canción de Bunbury. Yo soy del sur [nació en Granada] y todo el mundo vuelve a casa cuando necesita una referencia. Mis padres viven allí, en una casa retirada en el campo a las faldas de Sierra Nevada. Es mi norte porque es donde suelo encontrar mucha paz.
¿Qué debería aprender Madrid de ese sur?
Cada comunidad tiene su peculiaridad y todas son mágicas de alguna manera. Si tuviera que copiar algo de Andalucía para Madrid sería esa vitalidad cultural que hay en Andalucía en las calles, que en Madrid la echo en falta.
¿Qué le gusta de esta ciudad, de esta región?
¿De Madrid? Todo. Es la ciudad en la que me he desarrollado como persona, donde he tenido a mi hija, donde vivo, donde soy feliz, donde he encontrado una estructura familiar propia… Me encanta poder salir a cualquier hora y encontrar siempre algo abierto, que puedas ir a un teatro, a un cine, a un ballet… Esa diversidad, esa luz que tiene Madrid. Y la gente, que a pesar de los pesares, es abierta, dinámica, alegre, divertida, sabe acoger… Madrid es una de las mayores capitales de Europa.
Pero sería todavía mejor si…
Si estuviera Óscar López en la presidencia de la Comunidad de Madrid.
¿Por qué?
Madrid tira por sí sola, es la capital de España y mucho te tienes que empeñar para hundirla. Pero hay muchísimo potencial en Madrid que no se está explotando porque el Partido Popular no tiene un proyecto más allá de dejar que la capital de España fluya y, cuando ve el hueco, hacer un negocio con lo que haya. Óscar sí tiene un proyecto para Madrid, para dinamizar las calles, para cortar ese desequilibrio. Decía Enrique Ossorio la legislatura pasada: “Yo no veo pobres”. Pues los hay, no todo el mundo en Madrid vive igual. Y Madrid tiene potencial para que, por lo menos, los que viven mal no tengan que vivir tan mal.
No fui una niña ni soy una mujer fácil. Soy muy díscola, tengo un pronto muy malo y la manía de decir lo que pienso todo el rato, aunque nadie me lo pregunte. Intento que la gente me vea venir
¿Dónde estaba hace 20, 25 años?
Pues tendría entre 18 y 23 años…, estudiando.
¿Lo pasó bien?
Yo lo he pasado bien en casi todas las épocas de mi vida, soy de carácter disfrutón. Luego soy muy radical y tengo muy mala uva, pero me lo suelo pasar bien.
¿Dio guerra?
Mucha, no fui una niña ni soy una mujer fácil. Soy muy díscola, tengo un pronto muy malo y la manía de decir lo que pienso todo el rato, aunque nadie me lo pregunte.
¿Y eso es virtud o defecto?
No lo sé. Para mí, una virtud, porque me quedo muy tranquila. Con la madurez sí me doy cuenta de que a lo mejor no es tan necesario opinar de todo, sobre todo si nadie te lo está pidiendo. Pero intento que la gente me vea venir. No soporto a esa gente que no sabes si va, si viene, si le caes bien, si le caes mal…
¿Qué le diría a su yo adolescente?
Tuve una adolescencia complicada porque tuve una infancia enferma del corazón. Me operaron del corazón con 15 años, fui, no voy a decir la primera pero de las primeras que operaron de corazón por cateterismo en España, el doctor Cosío, que ya lo hacía en el hospital de Getafe. Entonces hubo muchas cosas que no pude hacer, solo hacía ballet clásico. Pero no le diría nada a mi yo adolescente. En realidad, cuando me operaron viví todo lo que no había vivido antes. No me perdí nada, aunque lo viviera más tarde.
Estudié una carrera, Políticas, no tengo que decir que estudié seis, que hice cuatro másters… No lo hice. ¿Lo debería haber hecho? Pues, según mi padre, sí, y tendría que haber hecho la tesis y el doctorado, pero no lo hice. Hay que quitarse ese complejo
Ahora que se escrutan los currículums, ¿pasaría el suyo el examen?
Sí. Hay cierto complejo, parece que tenemos que decir que hemos hecho muchísimo más de lo que hemos hecho. Yo estudié una carrera, Políticas, no tengo que poner que estudié seis, que hice cuatro másters… No lo hice. ¿Lo debería haber hecho? Pues, según mi padre, sí, y tendría que haber hecho la tesis y el doctorado… Pero no lo hice. Hay que quitarse ese complejo. Es evidente que para estar en política necesitas una formación, pero sobre todo lo que necesitas es sensibilidad, apreciar lo público, tener ganas de mejorar la vida de la gente. Derecha e izquierda, no digo que solo nosotros tengamos esa sensibilidad. Si tienes eso y tienes ganas, lo puedes hacer. Ahora, mentir es un mal comienzo.
Se marcha Pepu Hernández en el Ayuntamiento de Madrid, y Mar está ahí. Se marcha Lobato en la Asamblea regional, y Mar está ahí. ¿Es Mar Espinar esa que siempre está ahí?
Por ahora sí, veremos lo que dura [risas]. Yo le debo muchísimo a este partido, y las veces que se me ha pedido que arrime el hombro siempre lo he considerado más un honor que un favor.
¿Echa de menos el Ayuntamiento?
Mucho. Yo creo que todo político con el que hable que haya pasado por la vida municipal le dirá que es la política más bonita. Creo, además, que logramos hacer una oposición en la que se consiguieron cosas. Para mí, con Peironcely, valdrá la pena todo lo que me pase en mi vida política por malo que sea, nadie me va a poder quitar eso [Espinar impulsó la iniciativa para la declaración como Bien de Interés Patrimonial de Peironcely, 10, edificio fotografiado por Robert Capa durante la Guerra Civil y en condiciones de enorme deterioro. En el proceso se consiguió que las 13 familias que habitaban allí fueran realojadas en viviendas de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo]. Pero igual que digo que echo de menos el Ayuntamiento digo que estoy muy centrada en lo que estoy intentando hacer ahora, que es trasladar la voz de Óscar López en la Asamblea.
Espinar, en las inmediaciones de la cámara de Vallecas. / ALBA VIGARAY
¿Almeida o Ayuso?
Almeida. Yo con Almeida tengo una relación buena. Siendo portavoz en el Ayuntamiento me he podido sentar con él y trasladarle mis inquietudes. Muchas veces no me ha hecho ni caso, pero otras sí. A Ayuso no le interesa hablar de Madrid, no quiere, es imposible. No ya en una reunión en privado, sino en un Pleno, que para eso cobra, para hablar de Madrid. No se le conoce gestión. Vive miércoles tras miércoles, Consejo de Gobierno tras Consejo de Gobierno, de criticar al Gobierno de la nación.
¿Qué desayuna los jueves?
No desayuno en general, me tomo mi café de siempre. Uno cuando salgo de casa y otro cuando llego a la Asamblea. Hasta las 12 o así no suelo comer nada, no me entra.
Pues a los Plenos va bien de energía, bien cafeinada…
Tengo ese carácter… Mucha gente me dice que en el Ayuntamiento tenía otro perfil. Y me encantaría tener otro perfil, pero es imposible. Ella no entiende otro idioma. Me encantaría que pudiéramos debatir, desde el desacuerdo, pero debatir sobre algo concreto para Madrid.
Le cogí manía, era lo único que podía hacer y eran muchas horas. Queda que mido más de 1,80 y ando recta. Eso se lo debo al ballet, pero no lo volví a practicar.
Al ballet le cogí manía, era lo único que podía hacer de niña y eran muchas horas. Me queda que mido más de 1,80 y ando recta. Eso se lo debo al ballet, pero no lo volví a practicar
¿Cuál diría que es su mayor virtud como política?
No me rindo. Si veo una causa clara, no la abandono.
¿Y como mujer?
Creo que la nobleza.
A mediados de agosto empezó la Liga, ¿lo está deseando?
Soy muy del Atleti, pero lo estaba deseando en su justa medida. Tampoco me gusta sufrir en exceso…
¿Algún deporte?
Hago boxeo. Empecé en el Ayuntamiento, cuando apoyábamos el gobierno de Manuela Carmena. Me destensaba mucho. Cuando tuve la portavocía del Ayuntamiento, lo dejé; lo retomé cuando vine a la Asamblea, y ahora, desde que soy portavoz, lo tengo un poco olvidado. Pero es el único deporte que me engancha y que no me da pereza hacer.
Al mus es complicado ganarme. Suelo jugar con Fernando, mi marido. Hemos ganado campeonatos en Cuéllar
¿Y del ballet qué queda?
Le cogí manía, era lo único que podía hacer y eran muchas horas. Queda que mido más de 1,80 y ando recta. Eso se lo debo al ballet, pero no lo volví a practicar.
Qué contraste, ¿no?, ballet y boxeo…
Soy así, una mujer muy contradictoria en sí misma.
¿A qué no le gana nadie?
Al mus es complicado ganarme. Y en perseverancia. Soy muy perseverante.
¿Con quién suele jugar al mus?
Con Fernando, mi marido. Hemos ganado campeonatos en Cuéllar.
¿Eso une o desune?
No, es complicado. Si estamos los dos en lo mismo, bien. Pero como uno se canse y el otro esté en la partida ya hay cisma familiar…
La portavoz socialisa en la Asamblea de Madrid veranea entre Cáceres y Granada pasando tiempo con amigos, leyendo y escuchando a Robe Iniesta. / ALBA VIGARAY
¿Dónde veranea?
Lo fijo es Cáceres y Granada. El 16 de agosto es el cumpleaños de mi padre y esa fecha es intocable, nos juntamos todos. Aparte de eso, siempre vamos a la playa, a mi hija le encanta. Íbamos a Cádiz. Y solemos hacer alguna escapadita por Europa, aunque creo que este año no va a poder ser. Quiero ir a Escocia, ya veremos si se puede.
¿Qué hace?
Ver a gente con la que este año no he podido quedar tranquilamente por los bruscos cambios laborales en mi vida, que me han supuesto muchas horas de encerrarme, estar con mi familia, tomar mis cervecitas…
¿Qué lee?
En verano cosas muy llevaderas. Ahora estoy con El espía, de Jorge Díaz
¿Y qué escucha?
Rock. Los de siempre: U2, Robe, Extremoduro, Bunbury…
Un propósito para el curso que viene.
Hacerlo bien. Que los madrileños vean que estamos queriendo escucharles y debatir sobre Madrid en un espacio donde es muy complicado. Hablar de algo con una persona que no quiere hablar de eso es prácticamente imposible. Pero que no nos dejen de escuchar porque no tengamos interlocutor.
