Ni el calor abrasador ni el ruido político lograron empañar el fervor. Un año más, la Virgen de la Paloma bajó de su altar para recorrer las calles del barrio de La Latina, arropada por miles de personas entre trajes de chulapo, claveles rojos y pasodobles. Con más de 35 grados, Madrid se encomendó a su patrona popular en una jornada donde la devoción se mezcló con la reivindicación, y donde la ciudad demostró que, pese a todo, la tradición sigue latiendo fuerte.
Desde primeras horas del viernes, las calles del Centro rebosaron ambiente festivo. Frente a la iglesia de La Paloma, cientos de personas se apiñaron para seguir la misa, ayudados por una pantalla exterior, en un entorno donde ya sonaban los chotis y la limonada corría por las barras de los bares. Vecinos y turistas llenaron cada rincón, entre el calor y la emoción, mientras algunas parejas abrían hueco para sacar a relucir los bailes más castizos.
La procesión arrancó por la tarde, con el tradicional descenso del cuadro de la Virgen, llevado a cabo por el bombero Manuel Cerillo, siguiendo la tradición familiar. La imagen recorrió las calles engalanada con más de 4.000 flores ofrecidas por los propios madrileños, en un año que conmemoraba el 25º aniversario de su Coronación Canónica.
Como es habitual, la jornada estuvo marcada también por la actualidad política. La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, reapareció tras unos días fuera del foco para defender la gestión autonómica de los incendios recientes y criticar las políticas climáticas ‘ideológicas’ que, según ella, dificultan la prevención. Vox se sumó a las críticas, mientras desde el Gobierno central se pidió no frivolizar con la emergencia climática y reforzar la coordinación. PSOE y Más Madrid reclamaron más medios y mejores condiciones para los bomberos, protagonistas indiscutibles del día.
Durante la mañana, se entregaron las ‘Palomas de Bronce’ a figuras destacadas como el sargento jubilado Alfredo Vaquerizo, Madrid Salud y el periodista Matías Prats. Y por la noche, con la procesión y los últimos bailes, se puso fin a doce días de fiestas en el distrito Centro.
Para que todo transcurriera con normalidad, el Ayuntamiento activó un dispositivo de limpieza con 160 trabajadores y 90 medios mecánicos, centrado en puntos clave como Las Vistillas, la plaza de la Paja o la Cava Baja.
Concluyen así unas fiestas en las que Madrid, como cada agosto, volvió a encontrarse consigo misma entre saetas, flores y calor. Porque la Virgen de la Paloma, más que una imagen, es ya parte inseparable del alma madrileña.
