Los obras maestras de Picasso que sólo podían verse en Alemania hasta hoy: arlequines, máscaras y desnudos, al descubierto en Madrid

Se enamoró de ella al instante. El día que Pablo Picasso la conoció en el café Deux Magots, elegante, a punto de alcanzar los 30, Dora Marr estaba jugando con una navaja en la mesa. Por aquel entonces, la joven ya se había labrado un nombre en la vanguardia europea. Reconocida por su vena surrealista, fue una de las artistas más atrevidas de su época: jamás se conformó y, poco a poco, empezó a experimentar. Con el vista siempre por delante, se prometió renovar la fotografía y romper con los cánones establecidos. Un arrojo que encandiló al pintor de Málaga, que no dejó de retratarla durante los nueve inviernos que pasaron juntos. Su Dora Marr con uñas verdes, uno de los primeros dibujos, ojo, sólo podía verse en Alemania hasta hoy: el Museo Thyssen lo ha tomado prestado junto a otras 59 piezas para la muestra Picasso y Klee en la colección de Heinz Berggruen.

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