En días así, lo que más me gusta es saborear el rugido del olé de Las Ventas, cuando ese mundo quimérico se estabiliza al fin con una gran faena -una de las de la temporada- como la realizada este domingo por Víctor Hernández. Aquí es imposible no reconocer la sugestión múltiple de ese estallido emocional que produce el toreo, que tiene mucho de excéntrico, como de una exuberancia sensitiva.
La verdad a secas de Víctor Hernández: ¡ábranle las puertas de las ferias!
