En todas las canciones de Viva Suecia hay sangre desparramada. Resultan tan viscerales, tan puntiagudas, que es inviable no hacerse heridas al escribirlas. En ellas están coaguladas las luces y sombras que la banda lleva 12 años viviendo. Y, claro, al escucharlas, es imposible que ciertos cortes no se abran. A sus conciertos hay que ir con la idea de que, aunque piquen, incluso supuren, sus letras van a salpicar. Así que, ante tal cantidad de glóbulos y recuerdos, ojo, lo mejor es empaparse bien la cara. Anoche, sin piedad, regaron el Movistar Arena con tanto plasma que la estampa quedará para el recuerdo.
La sangre a Viva Suecia debida: un concierto sin piedad ni anestesia en el Movistar Arena
