Un desnudo de Tàpies para ilustrar la fragilidad del cuerpo humano y la memoria de la represión, los hombres en un tren que pintó Arroyo y que aluden a unos cosmopolitas que también podrían haber sido exiliados huyendo de la dictadura, las tensiones políticas y sociales que inspiraron el paisaje descompuesto que Paula Rego pintó en La sequía (1976), o el más explícito árbol que en 1984 trazó por encargo del gobierno portugués Maria Helena Vieira da Silva: sus raíces nacen de una fecha, ‘Abril 1974’, y de sus ramas brotan las letras que forman la palabra ‘liberdade’. Un quién es quién de los nombres más importantes del arte contemporáneo español y portugués (están también Miró, Equipo Crónica, Cristina Igleias, António Areal y muchos otros), con muchas piezas apenas vistas hasta ahora, se reúne en la exposición Inquietud. Libertad y democracia, que se puede visitar desde este jueves en La Casa Encendida y que reúne obras de más de 50 artistas. Con ellas se quiere celebrar el medio siglo que hace que los dos países vecinos pusieron fin a sus respectivas dictaduras, pero también mantener abierto el debate sobre la salud de sus respectivas democracias.
La Casa Encendida presenta un viaje inmersivo por el arte de las jóvenes democracias ibéricas, de Tàpies a Paula Rego
