Javier Font accede al parque del Retiro por la entrada de la Puerta de la Independencia, en la calle de Alcalá. Mira a un lado y a otro. Cerca hay señalización para moverse por el espacio pero, una vez que se adentra a él, apenas encuentra carteles que le indiquen dónde están ubicados los puntos de interés o, ‘lo más importante’, dónde están los baños adaptados.
‘Tampoco hay fuentes adaptadas ni nada por el estilo’, añade. Font, que es el presidente de la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la Comunidad de Madrid, FAMMA-Cocemfe Madrid, lleva años denunciando la falta de accesibilidad en uno de los principales pulmones verdes y espacios culturales de la capital.
Cada año, millones de personas visitan este Patrimonio de la Humanidad que, según resalta la organización, carece de una señalización adecuada que indique qué zonas son accesibles para personas con movilidad reducida. A esta dificultad se suma la propia configuración del terreno, que ‘genera obstáculos constantes’: descender de las aceras a las calzadas peatonales resulta especialmente complicado, lo que ‘dificulta el tránsito seguro y autónomo de las personas con discapacidad y de quienes acompañan carritos de bebés o personas mayores con movilidad reducida’.
El presidente de FAMMA, Javier Font, revisa una de las estructuras que dan acceso a los baños públicos. / Alba Vigaray
La entidad ya alertó públicamente de esta situación en 2017, 2019 y 2021, pero recalcan ‘sin que, en ninguno de estos años, el Ayuntamiento de Madrid adoptara medidas estructurales para solucionarlo’, pese a haber realizado un estudio completo. En 2022, el consistorio sí llevó a cabo alguna mejora en el mobiliario urbano. Lo hizo en unos bancos situados en el circuito accesible del parque, con un diseño que, según decían, permitía ‘su utilización y manipulación por todas las personas, ya que el accionamiento se puede hacer desde distintas alturas’. También eliminaron las barreras arquitectónicas que limitaban el uso de la fuente de beber de la plaza de Honduras, y se colocaron nueva pavimentación con superficie antideslizante en algunas zonas.
Javier Font da un paseo por el Retiro. / Alba Vigaray
Aun así, para FAMMA es insuficiente. Durante su paseo, Font va señalando adoquines o escalones que impiden que las personas que, como él, tienen la movilidad reducida, puedan disfrutar del parque en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía. ’Por ahí no podría pasar porque no hay ningún rebaje del bordillo’, expone señalando a una zona.
También apunta a las rejillas situadas en el suelo y las rigolas, ubicadas entre la calzada y las aceras para conducir el agua de lluvia, a menudo suponen una barrera que impide que las personas que se desplazan en silla de ruedas puedan transitar entre los espacios separados por estos elementos. O a los quioscos situados en la acera que, además de ser de difícil acceso, carecen de mostrador accesible.
Señalización escasa
Él, que conoce el parque al dedillo por ser un habitual visitante, sabe dónde está todo o por dónde debe ir, pero sabe que esto no es igual para mucha gente, ‘que deben hacer unos recorridos enormes para saber dónde está ubicado cada punto’. También critica que no haya carteles que señalicen las zonas de peligro. Aunque el mayor problema para él son los baños. En alguna ocasión ha preguntado a algún trabajador del parque sin que le supiera responder. Encuentra uno en el paseo, pero solo hay una estructura para bajar con silla en el baño de mujeres. No tiene claro que funcione.
Resalta que si el Ayuntamiento no ha hecho más cambios achacando al hecho de que es ‘patrimonio protegido’. ‘Pero mucho de lo que pedimos es compatible con la protección del patrimonio’, expone. Cuidarlo, asegura, no es ‘no hacer nada’. ‘Prefieren cuidar a una piedra que a un ser humano’, se lamenta.
Este diario se ha puesto en contacto con el consistorio, que en el momento de la publicación de este reportaje todavía no había respondido.
