El mirador desconocido que tiene unas vistas inmejorables del Palacio Real y la Catedral de la Almudena

Hay quienes aprovechan estos últimos días de verano para realizar todos los planes que estén a su disposición antes de retomar la rutina. Las temperaturas se han convertido en un gran aliado, después de semanas encadenando una ola de calor tras otra. Es por ello que visitar este mirador, con vistas a los puntos más emblemáticos de la ciudad, se ha convertido en una opción al alcance de todos. Hablamos del mirador de la Huerta de la Partida (paseo del Embarcadero, 3).

Pese a que su nombre resulte desconocido para el gran público, este espacio natural está ubicado en pleno corazón de Madrid, cerca del río Manzanares, junto a la Casa de Campo y a escasos pasos del Puente del Rey.

Cuenta con un espacio de 38.000 metros cuadrados, en el que destaca la variedad de árboles frutales que se hacen notar en primavera, siendo esta la mejor época del año para visitarlo. Almendros, avellanos, ciruelos, granados, higueras… y un sinfín de seres vivos adornan este enclave.

Sin embargo, es en su parte más alta donde se encuentra el mirador de la Huerta de la Partida, lugar en el que podemos observar la ciudad desde un punto privilegiado.

Las vistas del mirador de la Huerta de la Partida

Este mirador te ofrece una visión de la capital que nunca antes habías visto. Los visitantes podrán observar toda la cornisa oeste de Madrid: el Palacio Real, la Catedral de la Almudena, San Francisco, el propio parque de Madrid Río y, mirando hacia la izquierda, la plaza de España con sus torres y el Faro de Moncloa.

Como curiosidad, esta ubicación fue elegida por el pintor flamenco Anton Van Wingaerde para dibujar la primera panorámica de Madrid a finales del siglo XVI.

El origen de la Huerta de la Partida

El nacimiento de este enclave surge, precisamente, en esta época, momento en el que pertenecía a la familia Vargas. Fueron los primeros propietarios de la Casa de Campo (entre los últimos años de la Edad Media y el reinado de Felipe II), que más adelante pasaría a manos de los monarcas, y de la Huerta de la Partida, encargada de proveer alimento a la familia real.

Tomando el testigo de Felipe II, que solicitó la plantación de especies medicinales en la huerta para destinarlas a la farmacia de la corte, Alfonso XIII se encargó de cederla al Comité de Plantas Medicinales ‘para actividades agrícolas […] volcadas en los asuntos terapéuticos’, señalan desde el mismo Centro.

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