A mediados de los años 90, los huevos camperos eran casi una rareza en los supermercados españoles. Nadie hablaba de gallinas en libertad, sostenibilidad ni packaging ecológico. Pero desde una pequeña aldea de Lugo, Nuria Varela-Portas decidió apostar por un modelo radicalmente distinto al convencional. Dejó atrás su vida en Londres, donde trabajaba tras licenciarse en Económicas, y volvió al Pazo de Vilane, la finca familiar donde había pasado los veranos de su infancia, con una idea clara: producir huevos como los de antes, con gallinas criadas al aire libre y un respeto absoluto por el entorno. Hoy, casi tres décadas después, su empresa no solo ha conseguido consolidar ese modelo, sino que lo ha hecho rentable y replicable. Más de la mitad de sus ventas se concentran en la Comunidad de Madrid y sus productos están presentes en nueve grandes cadenas de supermercados de la capital. Pazo de Vilane se ha convertido en un referente de innovación en el sector agroalimentario y en un ejemplo de cómo emprender en la llamada España vaciada puede ser un camino de éxito.
Gallinas de Pazo de Vilane. / Cedida
Pregunta. Cuando fundaste Pazo de Vilane hace casi 30 años, nadie hablaba aún de huevos camperos en España. ¿Cómo supo ver esa oportunidad y apostar por un modelo tan distinto al convencional?
Respuesta. En 1996, con 25 años, vivía en Londres, donde me había marchado a trabajar, pues hacía un par de años que había acabado Económicas. A pesar de que la ciudad tenía muchos atractivos, echaba de menos a mi familia y a mis padres. Las raíces tiran mucho (se ríe). Soy gallega nacida en Lugo, pero cuando tenía 6 años nos mudamos a Madrid a causa del trabajo de mis padres. Sin embargo, y a pesar de la distancia, estábamos muy ligados a Galicia; siempre volvíamos a nuestra casa, a Pazo de Vilane, una propiedad formada por un gran edificio de piedra del XVIII, entonces bastante deteriorado, y sus fincas aledañas. En el Pazo veraneábamos y pasábamos las navidades y otras temporadas y fue allí donde nacieron mis mejores recuerdos. Teníamos una relación muy intensa con Galicia.
P. Decidiste dejar Londres y empezar de cero en una aldea de Lugo. ¿Qué le llevó a tomar esa decisión?
R. Empecé a reflexionar acerca de cómo quería encauzar mi vida. No me veía viviendo en una gran ciudad, con coches, aglomeraciones y humo, y desde luego me atraía mucho más emprender un proyecto familiar que trabajar por cuenta de terceros. Al mismo tiempo, me había fijado en el éxito que tenían en Reino Unido los huevos free-range, como se denominan en inglés los huevos camperos. Se podían encontrar en muchos supermercados. Recordé el éxito de los huevos de casa gallegos (ovos de casa), puestos por gallinas libres, de corrales, que vendían las mujeres de las aldeas cercanas a Vilane en las ferias o mercadillos. Escribí una carta a mis padres, que aún conservo, diciéndoles que la ciudad no era para mí y que cada día echaba más de menos mis raíces y mi tierra gallega. Mis padres me contestaron animándome a volver al Pazo, con ellos, para encabezar un proyecto empresarial que permitiera rehabilitarlo y mantenerlo. Así empezó nuestra historia.
P. ¿Y cómo reaccionó su entorno madrileño en aquel momento?
R. Mis amigos de Madrid no se lo podían creer. Imagínate, salir de Madrid y Londres y mudarte al rural gallego a mediados de los 90, cuando Internet apenas estaba empezando y aquí ni siquiera había cobertura telefónica, ni buenas carreteras. Pero a mí me absorbía el trabajo: sólo pensaba en sacar adelante la empresa y el Pazo. Trabajaba día y noche, todos los días de la semana.
P. El diseño del packaging marcó un antes y un después en el sector. ¿Qué papel cree que ha jugado esa innovación visual en el éxito de Pazo de Vilane?
R. Creo que marcó buena parte de la diferencia. No sabría cuantificarlo pero, en todo caso, un porcentaje muy alto. La caja supuso una verdadera revolución en el lineal de huevos. De hecho, años más tarde prácticamente todas las marcas de huevos han adoptado diseños similares. Del plástico de las hueveras tradicionales pasamos al cartón, un material sostenible y reutilizable. Y de enseñar el huevo, a esconderlo o insinuarlo, como haríamos con un producto de mucho valor. Por eso, los consumidores, al ver esa caja tan cuidada, con un diseño llamativo y genuino (casi 30 años después, sigue siendo el mismo) reconocen que lo que hay dentro es especial por la manera en que ha sido producido: aire libre y espacio verde para nuestras gallinas camperas, alimentación esmerada, granjeros especializados, empleo joven… Pazo de Vilane nació siendo sostenible, con unos valores hoy muy en boga que adelantamos tres décadas atrás, cuando casi nadie había oído hablar de ellos ni mucho menos eran comunes en la industria alimentaria.
P. Ha conseguido que una empresa del rural gallego se estudie como caso de éxito en escuelas de negocio. ¿Qué enseñanzas cree que su trayectoria puede aportar al emprendimiento en la llamada España Vaciada?
R. Intento transmitir lo que a mí me han servido. Lo que haría es estudiar muy detenidamente los puntos básicos de la idea de negocio, sopesando y recogiendo todos los factores en un buen plan, y prestando especial atención a la comercialización. También meditaría mi decisión basándome en todas las implicaciones que conlleva la decisión de emprender en estas zonas, con sus pros y contras. La vida en el campo aporta inconvenientes, como el aislamiento, la dificultad para encontrar trabajadores o la falta de infraestructuras públicas de transporte o telecomunicaciones. Pero también, sin duda, muchas alegrías: el contacto con los animales y la naturaleza, una vida más sencilla, sin tantas necesidades, una mayor cercanía con tus vecinos, menos desplazamientos y un precio menor de la vivienda.
P. Pazo de Vilane ha formado a granjeros locales para producir bajo su filosofía. ¿Cómo ha sido ese proceso y qué importancia tiene la colaboración con productores pequeños?
R. Cuando empezamos a crecer como empresa teníamos dos caminos: o bien adquirir más fincas y granjas, o bien incorporar granjeros a nuestro proyecto bajo la figura de integrados. Finalmente optamos por lo segundo, debido a nuestros valores fundacionales. Trabajamos para enraizar a las personas en su territorio. Que puedan vivir y trabajar donde han nacido sin necesidad de emigrar a las ciudades para salir adelante. Aquí es bastante común que los hijos hereden fincas de sus padres o abuelos, y muchos de ellos se han sentido identificados con lo que ofrece nuestro proyecto. Las gallinas, la alimentación, los protocolos de trabajo y los cuidados veterinarios son de Pazo de Vilane; pero el granjero, que trabaja para nosotros, conserva la propiedad de la granja. No hay distinción alguna entre las fincas ni, por supuesto, en el huevo producido.
P. ¿Qué le dirías a una persona que vive en Madrid, tiene una idea de negocio y se está planteando emprender en el entorno rural?
R. Que si es su sueño, lo persiga con muchísima ilusión hasta conseguirlo. En el camino encontrará numerosas dificultades, pero eso formará parte de su crecimiento como emprendedor.
