Vuelve la violencia al hotel okupa de San Blas con una nueva reyerta multitudinaria

El regreso a la rutina también ha alcanzado al hotel okupa de la calle Lola Flores, en el distrito de San Blas-Canillejas, un foco reiterado de agresiones, peleas y accidentes mortales que este fin de semana ha sido escenario de una nueva riña multitudinaria.

Los hechos tuvieron lugar el pasado sábado 30 de agosto, cuando se desató una reyerta entre dos grupos rivales que requirió la intervención de la Policía Nacional. La actuación se saldó con hasta 14 detenidos, de los cuales 12 son adultos y 2 menores de entre 17 y 52 años a quienes los agentes detuvieron como presuntos autores de los delitos de riña tumultuaria, lesiones y amenazas graves.

Tal y como ha adelantado El Mundo y confirmado fuentes policiales. Además de los arrestos, la Policía incautó de dos cuchillos de grandes dimensiones. La investigación sigue abierta para esclarecer el motivo de la pelea, que se desató en el interior del inmueble y se propagó al exterior, despertando la alarma entre los vecinos.

Situació límite

Tanto el Ayuntamiento de la capital como la Policía Nacional llevan largo tiempo buscando la forma de resolver la ‘compleja y judicializada’ situación que rodea al hotel okupa, según explicó la vicealcaldesa, Inma Sanz, a finales del año pasado, cuando fallecieron dos personas en el hotel okupado – una por inhalación de gas y la otra degollada por otro hombre tras una discusión sobre un partido de fútbol-.

‘Nosotros hace tiempo que estamos trabajando en esa zona, estamos trabajando con la Policía Nacional, con todos nuestros servicios. Es una situación compleja porque está judicializada y hay distintas causas abiertas, pero desde luego necesitamos poder actuar de una manera más rápida’, aseguró entonces la portovazo municipal.

El hotel, que nunca llegó a funcionar como tal, es un laberinto de varios edificios interconectados, todos en ruinas. El complejo okupado, agrio recuerdo del truncado sueño olímpico de Madrid, está rodeado por otros hoteles que sí funcionan, destinados a los turistas y viajeros que hacen escala exprés y no quieren alejarse mucho de la terminal. Entre unos y otros, las inmediaciones del inmueble okupado están presididas por la basura acumulada, el olor a orines y el trajín de personas que recogen chatarra, trapichean o deambulan rin rumbo.

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