En la esquina de Felipe IV, a caballo no está la firma de Diego Velázquez. Aparece en blanco. Sin embargo, no hay duda de que es suyo. A veces, el artista no rubricaba sus obras a propósito. Consideraba que su estilo era tan reconocible que no lo necesitaba. En este caso, los trazos hablan por sí solos. Aunque, para ello, haya necesitado la mano del equipo de restauración del Museo del Prado: es la última pieza que han recuperado y que, este miércoles, con gran expectación, han presentado en la sala 22 del edificio Villanueva.







