Cuando Álvaro Llorente, fundador de la empresa Madrid en la palma de tu mano y autor del libro Madrid no apto para guiris, detiene la visita guiada de la calle Arenal y alrededores en el número 19, justo en la esquina con la calle de las Hileras, nadie advierte lo interesante de ese enclave. Pero, como suele decir este experimentado guía e historiador, ‘en Madrid hay que ir siempre mirando hacia arriba’.
‘Pasamos por allí y siempre explico este edificio, su arquitectura y sus obras. Les digo que se fijen en los detalles que tiene y te aseguro que el 90% de la gente que va en la visita dice no haber visto nunca esas representaciones, que no se ha fijado, que es la primera vez que las ven. No es raro, es una calle muy ajetreada, tiene muchas tiendas y comercios, y siempre vamos pensando en no chocarnos con nadie’, asegura Llorente. Lo que hace único a ese edificio de mediados del siglo XIX son unas decoraciones, unas ménsulas con forma de mujer que muestran sus pechos al hostal que se erige frente a ellas. Otras son más recatadas y se cubren el busto.
La Casa de los Pezones, que es como popularmente se bautizó a este edificio, fue construida en 1862 por los arquitectos José María Mellado y Máximo Robles, pensada para convertirse en un bloque de viviendas, cuya planta baja ocupaban locales comerciales. Sin embargo, no fue hasta 1908 cuando estas voluptuosas mujeres aparecieron en la fachada.
La casa de los pezones, edificio de la calle Arenal, 19, en Madrid. / José Luis Roca
Tal y como relata el ya fallecido cronista oficial de la Villa de Madrid y Getafe Ángel del Río López en su libro Errores de la Historia de Madrid: tópicos, mitos, bulos y mentiras (Ediciones La Librería, 2022), se llevó a cabo a principios del siglo pasado una remodelación del inmueble a cargo del arquitecto Mariano Belmás. ‘El objetivo era convertirlo en un hotel, el Internacional, que llegaría a ser uno de los más importantes de Madrid y, según algunos, de Europa, especialmente a principios de los años 30, cuando ofertaba habitaciones con calefacción central y baños desde 10 pesetas’, relataba. Anteriormente, en el edificio se ubicó la Fonda Cuatro Estaciones, en la que llegaron a hospedarse Marcelino Menéndez Pelayo y Leopoldo Alas, Clarín. El reflejo de su visita lo plasmó en el libro Un viaje a Madrid:
La habitación que le dieron a Menéndez Pelayo era la número 30 del piso principal, con balcones a la calle del Arenal y siempre ocupó la misma. Cuando Rubén Darío vino a España, con motivo de las fiestas del cuarto centenario del descubrimiento de América en 1892, se hospedó en el Hotel de las Cuatro Naciones; era el mes de septiembre y D. Marcelino no había regresado aún de Santander; pero Manuel, el mozo que tenía a su cargo el piso, le enseñó la habitación. ‘Era —dice en una de sus crónicas— un cuarto como todos los del hotel; pero lleno de tal manera de libros y papeles, que no se comprende cómo allí se podía caminar. Las sábanas estaban manchadas de tinta. Los libros eran de diferentes formatos. Los papeles, de grandes pliegos, estaban llenos de cosas sabias de D. Marcelino’.
Quisieron retirar a las mujeres del toples
Con la reforma, se hicieron algunos retoques en la ornamentación de la fachada, que apareció con una hilera de ménsulas con aspecto de mujer en el perímetro que rodea el primero de los cinco pisos del edificio. Algunas de ellas iban vestidas, pero otras mostraban sus pezones a la calle. ‘No se han podido averiguar los motivos por los que el autor de la obra decidió adornar la fachada con esculturas de mujeres con los pechos al descubierto’, mientras que otras estaban vestidas, indicaba Ángel del Río López, aunque hay quien apunta a que ‘puede ser un guiño a La maja vestida y a La maja desnuda, de Goya’, añade Llorente.
‘Aquel toples de comienzos del siglo XX produjo la atención y la atracción de madrileños y foráneos, también críticas severas por parte de los más conservadores, que incluso pusieron en marcha una iniciativa para que esas esculturas fueran retiradas de la fachada, o al menos cubiertos sus pechos’, escribía el cronista oficial de la Villa en su libro. Así lo confirma el fundador de Madrid en la palma de tu mano. Las atrevidas figuras causaron ‘cierto asombro, incluso malestar’, entre gente de la época.
La casa de los pezones, edificio de la calle Arenal, 19, en Madrid. / José Luis Roca
Aún era un periodo ‘bastante conservador y moderado, por lo que la gente se sorprendió bastante al ver las decoraciones y hubo bastantes quejas al respecto’. No era algo que estuviera muy visto, aunque sí que se moldearon otras representaciones de mujeres, otras cariátides, que se mostraron en edificios construidos en el mismo momento, como la Casa de las Cariátides, que actualmente alberga el Instituto Cervantes. Estas no aparecen con los pechos al descubierto, pero sí con forma de mujer. ‘Justo un año antes, se construyó la Casa Genital en la calle de Montserrat’, recuerda el guía e historiador. ‘No era algo que no existiera, pero sí estaba poco visto, especialmente en una zona tan noble, importante e ilustre como el centro de Madrid y como la calle Arenal. Hubo bastante estupor’.
‘Algunos de los que se quejaron y, principalmente, algunas, eran mujeres, esposas de altos dignatarios, tanto en el Ayuntamiento de Madrid como a nivel estatal. Quisieron que estas imágenes no se representaran y prueba de su fracaso es que actualmente las tenemos en la fachada y nunca se eliminaron’, zanja.
Reclamo publicitario
En una calle tan comercial como Arenal, ’si no pones algo que destaque, no tienes nada que rascar’. No se tiene constancia de que el autor de esa reforma diera explicaciones sobre los motivos que le llevaron a colocar esas ménsulas, a no ser que fuera, dice Álvaro Llorente, ‘por llamar la atención con una tendencia de finales del XIX, que se permitía ser un tanto provocadora; lo más claro es que sirviese como un reclamo publicitario como cualquier otro’.
El Hotel Internacional se impregnó de figuras de estilo clásico. ‘Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, es la época de los neos, de la recuperación de los estilos antiguos’, refleja Llorente. La fachada del 19 de Arenal tiene inspiraciones griegas y romanas, además de ‘las más obvias’, que son las egipcias.
En 1986 se llevó a cabo la última remodelación, a cargo del arquitecto Horacio Domínguez, para cesar su actividad como hotel y volver a ser un edificio de viviendas.
[Este reportaje fue inicialmente publicado en EL PERIÓDICO DE ESPAÑA el 28 de agosto de 2024]







