Como una mente humana, la inteligencia artificial empieza a perder pasos lógicos, olvida el contexto y responde con impulsividad y superficialidad cuando se expone de forma sistemática a los contenidos virales y banales de las redes sociales. Esta decrepitud cognitiva, difícil de revertir, trivializa su función de transformar el conocimiento y el pensamiento crítico.







