La anomalía gravitacional fue detectada inicialmente en 2007: luego de descartar una relación con procesos en la superficie terrestre, los especialistas revelaron que la señal podría reflejar rápidas redistribuciones de masa en las profundidades del manto. Aún se desconoce qué consecuencias podrían tener a futuro estos violentos desplazamientos en el interior del planeta.







