La ‘autopsia’ biológica completa —desde el ADN hasta las bacterias intestinales— realizada a una mujer que vivió 117 años, ha descubierto que, aunque su cuerpo mostraba las cicatrices moleculares de un siglo de vida, un conjunto de ventajas genéticas y un metabolismo de élite la mantuvieron biológicamente 23 años más joven, funcionando con la salud de una persona décadas menor y a salvo de dolencias crónicas.







