Todos en nuestra infancia hemos tenido alguna vez un libro que, al abrirlo, sus páginas cobraban dimensión. Eran divertidos cuanto menos. A esto se le conoce como Pop-up, la ‘arquitectura del libro’, y es un arte que en pleno 2025 es cada vez más escaso. Pero Arganzuela es la excepción de Madrid, gracias a Silvia Hijano, que se dedica a ello desde su taller Libracos, y le hacen encargos marcas de lujo, que usan sus trabajos para mostradores en las grandes capitales del mundo. Casi nada.











