Back to the Book, la gran fiesta de las editoriales ‘indies’ que vuelve este fin de semana a Matadero entre cervezas y DJs

Giuseppe Grosso y Alfonso Zuriaga vivían en pisos distintos del mismo edificio de Arganzuela cuando decidieron poner en marcha una idea fruto de muchas conversaciones y pasiones compartidas: una pequeña editorial especializada en literatura italiana. La primera oficina de aquel proyecto, Altamarea, estaría en su casa. Mejor dicho, en sus casas. ‘Por las mañanas había que decidir cuál era la que tenía el salón más despejado para trabajar’, recuerda Zuriaga con cierto cachondeo.

Casi ocho años después, los dos editores publican unos 40 títulos año, ya no solo de autores o temas italianos. Hace tiempo que tienen una oficina como Dios manda, y también una librería que se ha convertido en un importante nodo cultural del distrito de Arganzuela. Estos días, además, andan liados afinando los últimos detalles de Back to the Book, el festival literario que este fin de semana organizan, por segundo año consecutivo, en la Casa del Lector situada en Matadero. Participan unas 70 editoriales de los dos lados del Atlántico y se espera, entre otros muchos participantes, a Mariana Enríquez, una de las voces más importantes de la literatura en español de los últimos años.

Todo ese camino ha podido tener momentos divertidos, apasionantes incluso, pero no ha sido fácil. ‘El de la edición es un mundo asfixiado, se publica mucho y cuesta hacerse un hueco. Sobre todo en esa parte de la clase media en la que estamos nosotros’, cuenta Grosso, milanés del 82 instalado en Madrid desde finales de los dosmiles. A estas alturas, por suerte, ya pueden decir que el esfuerzo ha merecido la pena. ‘Nosotros planteamos una propuesta cultural y política -dice de un proyecto que siempre se concibió como algo más que la mera publicación de libros- y hemos conseguido plasmarla en la realidad, llegar a la gente. Sin tener en cuenta lo que se pueda llegar a ingresar, eso ya es una satisfacción increíble y compensa determinadas penurias’, asegura con cierta sorna.

En el tiempo que lleva funcionando Altamarea, Grosso y Zuriaga han podido viajar a muchas ferias internacionales, y viendo lo que había fuera se dieron cuenta de que en Madrid, que cuenta con una de las mayores ferias del libro del mundo, faltaba un evento, ‘un espacio de comunicación e intercambio entre editores y lectores’, que abarcase exactamente el ámbito en el que ellos se mueven. El de esas editoriales de clase media que son las que albergan muchas de las propuestas más interesantes y también más arriesgadas que se pueden encontrar en las librerías, lejos de los grandes conglomerados editoriales que a menudo ocupan casi todo el espacio y la atención.

Entre las que se podrán encontrar en esta nueva edición, están algunas ya veteranas como Lengua de Trapo, ahora vinculada al Círculo de Bellas Artes, o Nórdica, que como Altamarea partió de un cierto nicho geográfico. Tránsito, que surgió con la última ola del feminismo y supuso una pequeña revolución, o Wunderkammer, rescatadora de exquisitas joyas marginales o injustamente olvidadas. Referentes del ensayo de siempre, como Fondo de Cultura Económica, o más reciente, como Capitán Swing. Además de fenómenos del otro lado del charco como Caja Negra, CHAI Editora o Eterna Cadencia. Y estos son solo un puñado de ejemplos.

Cuando Back to the Book arrancó el año pasado lo hizo tímidamente, pero el experimento funcionó con gran éxito de público -hasta la vicepresidenta Yolanda Díaz se acercó a echar un vistazo- y pudieron confirmar que ahí fuera había un terreno fértil en el que se podía crecer y hacer más cosas.

Frenesí literario

En esta nueva edición, el festival cuenta con más participantes y más actividades que en la anterior. Un cierto frenesí inundará esa Casa del Lector en la que, entre el viernes 12 y el domingo 14 de septiembre, habrá nuevas actividades de manera incesante, en algunos tramos de esos días casi cada 15 minutos, con varias cosas sucediendo a la vez en diferentes espacios. Mariana Enríquez es solo uno de los muchos nombres que participarán en las charlas, presentaciones, talleres o podcasts en directo que tienen en programa. Carolina Yuste, Blanca Lacasa, Sabina Urraca, Andrés Pérez Perruca o Esther L. Calderón estarán también presentando sus libros más recientes.

La escritora argentina Mariana Enríquez es uno de los nombres más destacados de este edición de Back to the Book. / ALBA VIGARAY

Habrá conversaciones sobre temas más estrictamente literarios como Escribir el Madrid contemporáneo, en la que participan las escritoras María Ovelar, Diana Aller y Lara Moreno, y otras que se acercan a cuestiones de actualidad, como Democracias en extinción en la era de la revancha, en la que debatirán el periodista Andrea Rizzi y el historiador Steven Forti. Marta Sanz destripará Los íntimos, el libro entre el texto autobiográfico y el exorcismo literario que publicó el año pasado. Y habrá un recital poético, con charla aparejada, a cargo de Jaime Rodríguez Zavaleta, Sofía Balbuena y Helena Mariño.

Una seña de identidad de Back to the Book es su voluntad de ser parte del tejido cultural del barrio en el que se celebra. Los clubes de lectura que acogerá el festival serán conducidos por algunos que hay en Arganzuela. Habrá actividades infantiles para que la convocatoria tenga su vertiente familiar y sea un buen plan de fin de semana para cualquiera que pase por la puerta. Un café que está dos calles más allá, Dot, se ocupará de gestionar el puesto donde tomarse algo. ‘Nos gusta mucho forjar alianzas con locales del barrio muy asentados que forman parte de ese ambiente muy local’, dice Zuriaga. Su propia librería, actor protagonista en todo el tinglado que montan en Matadero, es también parte de ese tejido con sus cuatro años de trayectoria.

Pero si el elemento local es importante, lo internacional también lo es. Además de a editores y autores llegados de Latinoamérica, este año han invitado a los directores de algunas de esas ferias y festivales de otros países que les sirvieron de inspiración para poner en marcha esta. Participarán los de la Feria de Editores de Buenos Aires, Piú libri piú liberi de Roma, La Furia del Libro de Santiago de Chile y La Otra Feria de Ciudad de México. El objetivo: tender puentes y fortalecer una red internacional de este tipo de eventos.

Todo esto, por ahora, lo hacen sin patrocinadores. Reciben pequeñas aportaciones del ministerio de Cultura y de la Comunidad de Madrid, pero el grueso del dinero sale de la caja de Altamarea, con la ayuda de las cuotas que pagan las editoriales por tener sus stands. ‘Además de nuestra salud mental, organizando esto también nos dejamos nuestra salud financiera’, bromea Zuriaga. Ahora que se está asentando la idea de que la cita sea anual y de un tamaño importante, es el momento de encontrar esa financiación privada, dicen. El equipo hasta el momento lo conforman los empleados de la editorial y la librería. Al mando, además de ellos dos, que llevan la parte más estrictamente literaria del festival y sus conexiones internacionales, está también Sara Maroto, que se ocupa de todo lo relativo a la producción y al componente visual, tan cuidado como en una editorial que siempre ha tenido muy clara la importancia del diseño.

El equipo de Back to the Book. Alfonso Zuriaga y Giuseppe Grosso están en los extremos en la fila superior, Sara Maroto agarra los pies de este último. / Cedida

Música y botellines

Otro elemento clave de Back to the Book es su parte más lúdica. Es esta una cita a la que se va a escuchar y a charlar sobre literatura, a comprar libros, pero también a tomar algo y a dejarse llevar un poco por los DJs que ponen la ambientación sonora. Por eso, más allá de acudir a tiro hecho a algún evento en particular, sus promotores recomiendan ir a darse un paseo por Matadero y bucear entre todas esas cosas que van a estar sucediendo, juntas y revueltas, a lo largo del fin de semana. ‘Perderse un poco en el recorrido, escuchar la música, tomar un botellín…’, sugiere Grosso. Alejarse de cualquier asomo de solemnidad y de ‘caspa’ en lo literario es otro de sus mandamientos.

Nunca es fácil obtener una respuesta clara cuando se le pregunta al organizador de un evento de este tipo cuáles son las actividades que el asistente no debería perderse. Los padres suelen querer a sus hijos por igual, y mencionar unos nombres y no otros siempre puede generar complicaciones. Alfonso Zuriaga se escabulle habilidoso destacando dos planes que para él encarnan ‘dos formas diferentes a lo habitual de afrontar la literatura y de socializarla: una es a través de la creación de un fanzine, que es una actividad que ya se hizo el año pasado y fue fantástica. La otra, un taller sobre fotografía y literatura, una actividad teórico-práctica que dura un día entero para aprender a hacer fotos y pensarlas en clave literaria’.

En cualquier caso, insisten sus promotores, lo que buscan con Back to the Book es aportar ángulos distintos al fenómeno literario. Y hacerlo en ese marco relajado y divertido que proponen. ‘Nos gusta llamarlo festival, y no feria, porque nos interesa ese carácter festivo. Que este sea un lugar en el que la gente, al final del día, haya pasado un buen rato y haya podido conocer personas o cosas, dentro de este gremio, que le interesan’. Con una de cerveza en la mano, ciertos ritmos de fondo y el estrés de llegar a ver a un ídolo en el siguiente escenario, alguno echará de menos una pulsera fosforescente en la muñeca.

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