Lleva Madrid un tiempo pugnando por volver a convertirse en la capital mundial del flamenco que se supone que alguna vez fue. Más allá del creciente número de artistas que se preparan y actúan en la red de tablaos y otros espacios privados de una ciudad que no para, demuestran esta apuesta, desde la iniciativa pública, la creación de su Bienal de Flamenco, que iniciaba su andadura hace unos meses, o la del también reciente Ballet Español de la Comunidad de Madrid, en el que el flamenco tiene un papel protagonista. La cita fija de la capital con este arte es, sin embargo, la Suma Flamenca, todo un clásico del otoño madrileño que este martes 14 de octubre arranca su XX edición. Y lo hace dejando claro, desde el título que se ha elegido como leit motiv (Tradición y vanguardia), que su intención es diluir esa brecha que todavía muchos se empeñan en que separe a dos formas de entenderlo que deberían ser perfectamente compatibles, o más bien complementarias.








