Ajetreada parece una palabra correcta para describir la vida sentimental de Felipe VI. O al menos fue intensa durante una etapa de su juventud. Su primer gran amor fue Isabel Sartorius, a la que conoció en 1988, en una conferencia sobre Perú que un primo de ella dio en Madrid. Su oficioso noviazgo duraría hasta el verano de 1991, fecha a partir de la cual se dispararon las especulaciones acerca de la verdadera causa del fin de la relación. Más tarde, Sartorius aseguró que Felipe y ella eran “demasiado jóvenes” cuando empezaron a salir. Pero algunas fuentes sostienen que la ruptura fue una imposición de doña Sofía, a quien no le hacía ninguna gracia que su hijo se casara con una plebeya varios años mayor que él que, para colmo, era hija de padres divorciados y sobrina de un diputado comunista —Nicolás Sartorius—.







