“A ver qué me preguntáis”, nos dice nada más abrirnos la puerta de la sala de ensayos que tiene en Aravaca, donde nos ha citado una tarde de noviembre. Se sienta, se enciende un cigarro y nos cuenta que su nuevo trabajo “habla de la vida, de la locura cotidiana, porque todos pensamos que somos normales y en parte es verdad y en parte no. ¿Y qué pasa? Que tú ves gente hablando sola por la calle y es porque llevan unos pinganillos y yo al principio los veía y decía, ¿qué le ha pasado a ese? Y es que estaba hablando con alguien por teléfono. Hay gente que hace cosas raras, cosas que están fuera de lo normal, pero las asumimos porque están incorporadas en el día a día. Para esta pieza me he basado fundamentalmente en eso, en la observación de los demás, de la gente. Los que llaman locos y están encerrados son locos, no tontos. Pero en la vida diaria hay una mezcla entre la locura y la tontura. De eso va la cosa”.
Carmen Werner estrena este viernes en la Sala Cuarta Pared una nueva pieza llamada Cuando quieras, dentro del Festival de Otoño, acompañada en escena por los bailarines Raquel Jara, Cristian López, Sebastián Calvo y Alejandro Morata, todos ellos miembros de Provisional Danza, la compañía que fundó en 1987 y con la que ya ha perdido la cuenta de las piezas que ha estrenado: “Ni idea, setenta y tantas, no llevo la cuenta”. Bailarina y coreógrafa reconocida con el Premio Nacional de Danza, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio de Cultura en la sección de Danza de la Comunidad de Madrid, la Werner es, a sus 71 años, una institución. Sigue bailando, estrenando al año dos o tres producciones, colaborando con creadores jóvenes y manteniendo contra viento y marea una de las pocas compañías estables de danza que quedan en España.
También sigue fumando como si lo fueran a prohibir mañana —“Desafortunadamente, en esta pieza no fumo”— y dosificando con cuentagotas la información sobre su trabajo por eso de no desvelar casi nada antes del estreno, la pesadilla de cualquier periodista que tiene que escribir sobre algo que no puede ver: “El año pasado vinieron a hacerme entrevistas sobre 1953 y me preguntaban de qué iba, pero ¿cómo iba a contarles que iba sobre mi muerte? Si lo cuento, la gente ya lo sabe”.
Bailarines de 'Cuando quieras' en escena. / CEDIDA
En escena habrá tan solo una silla, explica, y unas piedras pequeñas, unos guijarros, pero lo que no hay es una reflexión sobre la salud mental ni sobre la locura desde un punto de vista clínico. Lo que sí existe, dice Werner, es “mucho orden y desorden, mucho ambiente cotidiano y todo lo contrario, la pieza es muy contradictoria, y hay también un texto que habla de la seriedad y de la falta de seriedad. La pieza tiene mucho contraste, de repente es muy dramática y de repente te partes… Yo me parto de la risa. También hablo sobre el trabajo y sobre la edad”, dice. “¿Tú qué años tienes? Eso se lo pregunto en escena a alguien que tiene 30 años y le digo que tiene que dejar ya de bailar porque se pierde velocidad, flexibilidad, coordinación, resistencia. Y él me contesta, ¿y tú, qué años tienes? Y a mí me da la risa y digo: no me acuerdo. Aquí me estoy riendo de la edad que tengo en comparación con la de un niño de 30. Es un juego dentro de un drama. De un drama no, de una trama de la vida”.
—¿Cuándo empezó a reírse de la edad que tenía?
—Hace un huevo (risas), hace mucho tiempo.
—¿Qué es lo más loco que ha hecho en su vida como coreógrafa?
—Lo que estoy haciendo ahora mismo. Seguir. Es una locura, ¿no te parece? ¿Tú crees que alguien con 71 años va a salir a bailar?
Werner empezó bailando en casa, cuando era una cría, mientras escuchaba los discos de música clásica de su padre, que le obligó a sacar un sobresaliente en COU para dejarla estudiar Educación Física. Hizo cursos de danza mientras estudiaba y, cuando terminó, empezó a trabajar en un colegio dando clases de natación, baloncesto y voleibol al tiempo que se matriculaba en la escuela de Carmen Senra. A mediados de los 80 trabajó con la compañía Escape y en 1987 creó la suya propia, Provisional Danza. “Yo he llegado a todo muy tarde, empecé con 21 años, la gente decía ‘qué mayor es esta’, y ahora que tengo 71 años me sigue encantando bailar. Y me da igual, si no bailo en escena bailo en mi casa. Yo creo que lo de la edad es algo que viene de mi alrededor, pero a mí me sigue apeteciendo, me lo paso muy bien y, mientras pueda y no haga el ridículo, voy a seguir en la escena, ¿entiendes?”.
Ahora que tengo 71 años me sigue encantando bailar. Y me da igual, si no bailo en escena bailo en mi casa’La edad, el tiempo y el derrumbe
Además de ser miembro de su compañía desde hace cinco años y compartir escena con Werner en esta pieza, Sebastián Calvo ha escrito esos textos sobre la seriedad a los que hacía referencia la coreógrafa y que nacieron el año pasado, como una broma, cuando estaban a punto de salir a escena en una función de 1953: “Empezamos a reírnos mucho y la premisa era que le decía a Carmen que yo era muy serio y ella me respondía exactamente lo mismo, me decía, ‘no, no, yo también soy seria’. Nos mirábamos, aguantábamos la carcajada y luego nos reíamos”. Cuando comenzó el proceso de creación de Cuando quieras, decidieron recuperar aquella idea “y empezamos a hablar de la seriedad, pero también de algo que me parece muy bonito y que representa mucho a Provisional Danza, que son las distintas edades que hay dentro de la compañía, un cuerpo de baile que tiene a Carmen con 71 años, a mí con 30, a Cris con 42 y a Ale, que tiene sesenta y pico. Así que el texto también habla sobre el significado de la edad”.
“Yo trabajo con Carmen desde hace cinco años y recién ahora estoy entendiendo lo que hace ella verdaderamente —explica el bailarín, de origen uruguayo— y lo que hace siempre es llevar a escena su presente. Ella dice mucho la palabra cotidiano y lo que quiere decir con eso, creo, es que quiere ser fiel a la edad y al movimiento que tiene en ese momento. Creo que muchas veces le preguntan cuál es el concepto de sus piezas y a veces tiene algunos hilos de los que tirar y te puede decir que esta va de la locura cotidiana, pero yo lo que veo es que ella es siempre muy sincera con lo que está viviendo, lleva a escena el momento de su vida en el que está”. Calvo cree que la Werner “vive dentro de la escena y si la conoces y ves sus piezas, te das cuenta de que tiene una vida sencilla y sus piezas son sencillas también. Hay ahí una cosa como muy real de su parte porque ella muestra lo que verdaderamente tiene y da todo lo que puede dar una bailarina de 71 años que sigue bailando y que baila como puede”.
¿Y por qué cree que Carmen maneja esa idea de la locura para explicar su pieza? “En Cuando quieras hay un elemento, las piedras, y una idea como de derrumbe. Es como si se estuviera cayendo todo, como si el techo se cayera cada tanto, y ahí estamos los cinco intérpretes fingiendo que todo está bien cada vez que nos interrumpe el sonido de las piedras, como si algo se estuviera desmoronando. Y eso también es como la vida misma: no es que Carmen se esté desmoronando, pero Provisional Danza es una compañía que tiene 37 años, que brilló durante muchos años y ahora es otro tipo de compañía, llega a otras salas, llega a otros públicos. Evidentemente, no estoy hablando mal de la compañía, sino que es una cosa de vitalidad, de cuerpo, y Carmen está constantemente, día a día, saboreando la limitación”.
El miedo y la CND
Sus piezas El privilegio de morir y El abrazo nacieron inspiradas en cuadros de Edward Hopper. Un momento oportuno, tras la lectura del libro Leyes fundamentales de la estupidez humana, de Carlo M. Cipola. En Miami Transfer habló del amor, la amistad, la alienación y la inmigración. En 40 tipos de vodka, de la rebeldía frente al control y en Tell me, del vacío. En Cuando quieras, de la locura y eso que Sebastián Calvo identifica con el derrumbe y las limitaciones del cuerpo por la edad y el paso del tiempo. La Werner dice que lleva toda la vida hablando de la vida y eso, obviamente, también contiene la idea de fin, que ya abordó en su pieza anterior, 1953, año de su nacimiento: “Yo empecé a pensar a los 50 años que me moría a los 55 y ese pensamiento sobre la muerte lo tengo desde hace un montón, desde que hubo un trauma familiar, pero aunque la muerte es una forma de cortar, te puedes reencarnar en alguien y seguir bailando”.
—¿Es espiritual?
— Mucho. ¿Qué signo eres tú?
— Cáncer.
—¿Y de ascendente?
— Sagitario, creo.
— No, el ascendente chino.
— No lo sé. Habla mucho de la muerte, pero más allá de eso, lo único que podría impedirle bailar es la enfermedad. ¿Le da miedo?
— Claro, tienes toda la razón. Pero yo he superado ya el miedo.
—¿A la muerte o a la enfermedad?
— A todo.
— ¿Y a dirigir algún día la Compañía Nacional de Danza?
— Me animaron dos veces a presentarme a los concursos y las dos veces dije que no. Los bailarines de la CND son la bomba, son maravillosos, pero no me veo. Si me llaman para que haga una pieza, la hago, pero dirigir la compañía y meterme en una oficina con un horario, eso no.












